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Respirar profunda y pausadamente ha resultado ser una de las maneras más sencillas de mejorar la salud física y mental.

Saber inhalar y exhalar profunda, calmada y consistentemente podría combatir el estrés, la ansiedad, la hipertensión, calmar el dolor y controlar el ritmo cardiaco. Eso dicen médicos, psicólogos y expertos en respiración basados en nueva evidencia. Lo paradójico es que la mayoría no sabe respirar bien y por eso aprender a hacerlo se ha convertido en una tendencia en el mundo. Tanto en Estados Unidos como en Colombia, altos ejecutivos, funcionarios, pacientes e incluso víctimas del conflicto armado participan en talleres para aprender técnicas de respiración.

Según Ángela Losada, antropóloga y directora del Arte de Vivir, respirar es el primer acto de un individuo, y exhalar, el último. “La vida es ese sinnúmero de respiraciones que ocurren entre esos dos momentos”, dice. En el primero el individuo toma oxígeno, que es energía vital, y en el segundo expulsa el 80 por ciento de las toxinas. Aunque se trata de un acto involuntario realizado inconscientemente miles de veces al día, la gente “solo usa el 30 por ciento de su capacidad respiratoria”, dice Losada.

Algunas investigaciones han mostrado, por ejemplo, que la gente suele aguantar la respiración cuando está frente al computador, hábito que se conoce como apnea de pantalla. Además, se ha perdido la habilidad para tener una buena postura corporal, lo que propicia la respiración vertical. La mejor manera de detectar que alguien respira mal es observar sus hombros. “Si los mueven, están respirando cuatro veces la norma”, dice Esteban Jaramillo, filósofo experto en el método de respiración Buteyko.

El estilo de vida moderno, rápido pero sedentario, también favorece este mal hábito. En situaciones de tensión el ser humano cambia su patrón respiratorio por uno que lo prepara para correr o pelear, que es la respuesta natural del estrés. Pero en las condiciones actuales, cuando la fuente de angustia no es un mamut sino las deudas y los hijos, la gente respira rápida y superficialmente pero sentada en una silla, lo cual no permite exhalar las toxinas. “Así es como terminamos con una respiración propia para la actividad más fuerte pero la hacemos en reposo”, explica Jaramillo.

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Fuente: Semana.com

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